Leyendo las secciones de salud de
los periódicos nos enteramos de que el profesor Samer Hattar de la Universidad
Johns Hopkins (EEUU) ha publicado un estudio en el que se demuestra que la
exposición continuada a la luz brillante puede originar depresión y disminuir nuestras funciones cognitivas.
El estudio indica que determinadas células de la retina del ojo de los
ratones de laboratorio y, por similitud,
de los humanos se activan a consecuencia de la luz brillante.
¿Os ponéis más tristes en los cortos días de invierno? Parece
que
algunas personas pueden desarrollar algo conocido como «trastorno afectivo estacional», que en algunas ocasiones mejora con una
terapia de luz.
Cuando el equipo de Hattar sometió a los ratones a una terapia
de luz, éstos presentaron comportamientos depresivos e, incluso dificultades de
aprendizaje. Los análisis revelaron niveles elevados de cortisol, la hormona
del estrés.
¿Y ahora qué hacemos con las pantallas de nuestros televisores,
ordenadores o teléfonos? ¿Y con esa luz artificial que nos ha permitido alargar
la jornada ?




