jueves, 15 de noviembre de 2012

¿Y AHORA QUÉ?





Leyendo las secciones de salud de los periódicos nos enteramos de que el profesor Samer Hattar de la Universidad Johns Hopkins (EEUU) ha publicado un estudio en el que se demuestra que la exposición continuada a la luz brillante puede originar depresión y disminuir nuestras funciones cognitivas. El estudio indica que determinadas células de la retina del ojo de los ratones de laboratorio  y, por similitud, de los humanos se activan a consecuencia de la luz brillante.

¿Os ponéis más tristes en los cortos días de invierno? Parece que algunas personas pueden desarrollar algo conocido  como «trastorno afectivo estacional», que en algunas ocasiones mejora con una terapia de luz. 

Cuando el equipo de Hattar sometió a los ratones a una terapia de luz, éstos presentaron comportamientos depresivos e, incluso dificultades de aprendizaje. Los análisis revelaron niveles elevados de cortisol, la hormona del estrés.

¿Y ahora qué hacemos con las pantallas de nuestros televisores, ordenadores o teléfonos? ¿Y  con esa luz artificial que nos ha permitido alargar la jornada ?


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